Albertina Bertha: deseo, inteligencia y rebeldía en la Belle Époque brasileña

La escritora carioca cuestionó la educación limitada de las mujeres, la moral del matrimonio y el control sobre el deseo femenino en un Brasil que todavía les negaba derechos

Foto de Albertina Bertha: deseo, inteligencia y rebeldía en la Belle Époque brasileña por Albertina Bertha.

Foto: Albertina Bertha

Cuando Albertina Bertha de Lafayette Stockler nació, el 7 de octubre de 1880, Brasil todavía era una monarquía sostenida por el trabajo esclavo. La abolición llegaría ocho años después; la República sería proclamada en 1889.

Durante las décadas siguientes, Río de Janeiro, entonces capital del país, atravesó intensas transformaciones urbanas y culturales.

La ciudad incorporó avenidas, tranvías, cafés, teatros, librerías, periódicos y salones de conferencias. Las élites brasileñas procuraban reproducir hábitos europeos y presentaban a Río como la vidriera de una sociedad moderna. Sin embargo, esa modernidad no alcanzaba de la misma manera a hombres y mujeres.

La presencia femenina en teatros, exposiciones y espacios culturales se volvía más frecuente, sobre todo entre las mujeres de familias acomodadas. La mayoría permanecía alejada de la educación formal, de la producción intelectual y de las decisiones políticas. Incluso entre las privilegiadas, la instrucción solía estar orientada hacia el matrimonio, la administración doméstica y la formación de los hijos.

Las brasileñas no podían votar. El derecho al voto femenino solo sería reconocido en 1932, cuando Albertina ya tenía 51 años. El Código Civil de 1916, promulgado el mismo año que su primera novela, colocaba a la mujer casada bajo la autoridad del marido en diversos aspectos de la vida civil. Para trabajar, administrar determinados bienes o asumir obligaciones, podía depender de la autorización masculina.

 

Una educación poco común

 

Hija del jurista y político Lafayette Rodrigues Pereira, Albertina recibió una formación intelectual excepcional para una brasileña de su generación. Educada en su casa por una institutriz alemana, estudió lenguas, literatura, filosofía y estética. Leía a autores extranjeros en sus idiomas originales y demostró un especial interés por el pensamiento de Friedrich Nietzsche.

La educación doméstica representaba al mismo tiempo un privilegio y un límite. Albertina tuvo acceso a conocimientos negados a la mayoría de las mujeres, pero no recorrió los mismos espacios públicos de formación disponibles para los hombres que recibían una educación intelectual equivalente.

Aun así, buscó su lugar. Escribió novelas y ensayos, colaboró con periódicos y dictó conferencias sobre literatura y filosofía. En un ciclo realizado en el salón del Jornal do Comércio, fue la única mujer entre trece conferencistas.

La escritora defendía la educación femenina y examinaba críticamente la moral de su tiempo. En lugar de presentar la instrucción como un simple refinamiento social, la consideraba una posibilidad de autonomía.

Una mujer instruida podía observar las relaciones de poder dentro de la familia, cuestionar las convenciones y comprender que muchas reglas presentadas como naturales eran construcciones históricas del patriarcado.

 

 

 

Exaltação y la conciencia de Ladice

 

Publicada en 1916, Exaltação fue la primera novela de Albertina Bertha. La obra alcanzó seis ediciones durante la vida de la autora, un resultado significativo dentro del mercado editorial brasileño de la época.

Su protagonista, Ladice, es una mujer culta, casada e insatisfecha con el papel que le ha sido destinado. Cuestiona el matrimonio organizado según conveniencias familiares, rechaza la maternidad como obligación y reconoce su propio deseo.

El conflicto de Ladice no se limita al adulterio. La protagonista intenta comprender los mecanismos que sostienen la moralidad de su sociedad. En una conversación con su marido, afirma que no pretende destruir creencias, sino «abolir costumbres arraigadas en la ignorancia y encubiertas por la moral».

Cuando él declara que la moral pronunciada por una mujer debería ser sagrada, Ladice responde:

«La moral es la vestimenta proporcionada por cada siglo para colorear las convenciones humanas entonces de moda».

El marido la acusa de hablar como una revolucionaria. Para él, aquellas ideas serían el resultado de la «educación viril» recibida por su esposa y de la «tonta manía» de instruir a una mujer como si fuera un varón. Una Ladice ignorante, sostiene, sería más feliz.

El diálogo revela uno de los temores centrales del sistema patriarcal: la instrucción permitiría que la mujer identificara como convención aquello que los hombres presentaban como una verdad eterna. La inteligencia femenina se volvía peligrosa porque podía provocar inconformidad.

Albertina trasladó ese conflicto al campo del deseo. En Exaltação, el adulterio no aparece solamente como una infracción moral, sino como la experiencia interior de una mujer que decide atravesar los límites impuestos a su propio cuerpo.

 

Las perlas sobre el cuerpo

 

En la primera escena de encuentro sexual entre Ladice y el poeta al que ama, un collar de perlas se rompe sobre el cuerpo de la protagonista. Las cuentas representan los años perdidos, las tristezas y las ambiciones no realizadas, pero también anuncian una transformación.

 

Original en portugués

 

«Tirando de um estojo um colar de pérolas, ele o arrebentou no seio de Ladice:

— Rolai sobre esses membros esguios, pérolas simbólicas: — Sois os anos, o tempo em que vivi em lamentos, em queixumes; sois as lágrimas petrificadas, os soluços, as tristezas, as inclinações funestas; sois as extravagâncias pensadas, idealizadas, a aspiração estéril, as ambições não realizadas, o estímulo desejado, a imoderação, a alternação dos prazeres, as intolerâncias, o grito incisivo de revolta contra Deus e a humanidade; sois os tumultos, as forças, os poderes, que me devastara, a juventude… rolai, pérolas, quebrai-vos à guisa de estações que se findam, que se destroem, à guisa do arvoredo que fenece, murcha e seca, para depois renascer, exuberante, dominador, imenso.

E as continhas espalhavam-se, corriam pelo corpo de Ladice, festejando a sua glorificação, o seu batismo de amor, a sua iniciação no mistério, o mais profundamente estonteante da existência.»

 

Traducción al español

 

«Sacando de un estuche un collar de perlas, él lo rompió sobre el pecho de Ladice:

— Rueden sobre esos miembros esbeltos, perlas simbólicas: son los años, el tiempo en que viví entre lamentos y quejas; son las lágrimas petrificadas, los sollozos, las tristezas, las inclinaciones funestas; son las extravagancias pensadas, idealizadas, la aspiración estéril, las ambiciones no realizadas, el estímulo deseado, la desmesura, la alternancia de los placeres, las intolerancias, el grito incisivo de rebelión contra Dios y la humanidad; son los tumultos, las fuerzas, los poderes que devastaron mi juventud… Rueden, perlas, rómpanse como las estaciones que terminan, que se destruyen; como la arboleda que languidece, se marchita y se seca, para luego renacer exuberante, dominadora, inmensa.

Y las pequeñas cuentas se esparcían, corrían por el cuerpo de Ladice, celebrando su glorificación, su bautismo de amor, su iniciación en el misterio más profundamente vertiginoso de la existencia.»

 

Las perlas funcionan como lágrimas endurecidas. Al romperse, transforman el sufrimiento acumulado en un rito de pasaje. El lenguaje religioso —«glorificación», «bautismo de amor», «iniciación en el misterio»— concede solemnidad al encuentro erótico.

El deseo deja de ser representado únicamente como pecado o caída. Se convierte en una experiencia de conocimiento y renacimiento. Ladice no es solamente un cuerpo deseado por un hombre: participa de la elección y reconoce aquello que busca.

La escena, sin embargo, conserva las contradicciones de su época. Es el poeta quien rompe el collar e interpreta el significado de las perlas. La protagonista avanza más allá del papel femenino convencional, pero todavía se mueve dentro de estructuras afectivas y narrativas conducidas por hombres.

 

El libro que podía «corromper» a las mujeres

 

El erotismo de Exaltação y su crítica al matrimonio provocaron reacciones conservadoras. La novela fue condenada por sectores católicos y considerada una lectura peligrosa para las jóvenes. La Liga de las Señoras Católicas defendió que fuera retirada de circulación para evitar que influyera sobre las llamadas «jóvenes de buena familia».

Según testimonios familiares, los libros de Albertina llegaron a estar prohibidos entre las mujeres de su propia familia. La autora fue vista como una posible corruptora de las costumbres.

La reacción no se explicaba solamente por el tema del adulterio, ya explorado por escritores varones. El elemento perturbador se encontraba en la perspectiva femenina. Una mujer escribía sobre otra mujer que pensaba críticamente, examinaba el matrimonio y reconocía su propio deseo.

El escándalo residía menos en el acto practicado por Ladice que en el hecho de que ella tuviera conciencia de ese acto.

 

La crítica que elogiaba y disminuía

 

La recepción de Exaltação también muestra cómo la literatura producida por mujeres era evaluada según criterios diferentes de los aplicados a los hombres.

En una carta del 31 de diciembre de 1916, el escritor Lima Barreto elogió el lenguaje, las imágenes y la fuerza verbal de la novela. Al mismo tiempo, la definió como un «poema de mujer, de señora» y afirmó que Albertina, por vivir en un ambiente social restringido, conocería solamente una forma de sufrimiento: «el dolor de amar».

El comentario reconocía el talento de la autora, pero disminuía su experiencia. La vida masculina era considerada amplia y universal; la vida femenina, limitada al ámbito doméstico y sentimental.

Albertina respondió con ironía:

«Tal vez; solo sé que hay días en los que mi alma carga con los siete dolores: dolores lacerantes, estériles, lívidos, sin lágrimas, sin consuelo, sanguíneos».

También defendió su manera de transformar la realidad mediante la imaginación. Reconocía que su escritura no pretendía reproducir el mundo de manera documental. Prefería intensificarlo, elevarlo y recrearlo mediante una prosa lírica e introspectiva.

Su respuesta demuestra que la autora no aceptaba ocupar pasivamente el lugar reservado a las mujeres por la crítica literaria.

 

Del éxito al olvido

 

Albertina publicó también las novelas Voleta y E ela brincou com a vida, además de dos volúmenes de ensayos reunidos bajo el título Estudos. Murió en Río de Janeiro el 20 de junio de 1953.

A pesar de su éxito inicial, su obra desapareció gradualmente de las librerías y de las historias de la literatura brasileña. Lo mismo ocurrió con muchas escritoras de finales del siglo XIX y de las primeras décadas del XX. Algunas fueron reconocidas en vida, pero dejaron de ser reeditadas, estudiadas e incluidas en los programas escolares.

Ese borramiento creó la impresión de que pocas mujeres escribían o participaban en los debates intelectuales de aquel período. En realidad, muchas publicaban novelas, poemas, crónicas, ensayos y artículos. El problema se encontraba en la selección posterior de las obras consideradas dignas de permanecer.

La investigadora Anna Faedrich tuvo un papel central en la recuperación de Albertina Bertha. Su trabajo hizo posible la transcripción y reedición de Exaltação un siglo después de su publicación original, devolviendo la novela a los lectores y al debate académico.

Releer a Albertina Bertha también interesa al público argentino. Su trayectoria dialoga con la de muchas escritoras latinoamericanas que ingresaron en el espacio público antes de poseer una ciudadanía política plena. Escribieron en sociedades que aceptaban a la mujer como personaje, musa o lectora, pero se resistían a reconocerla como intelectual.

Las perlas esparcidas sobre el cuerpo de Ladice representan los años de sufrimiento y las posibilidades de renacimiento. Más de un siglo después, también pueden simbolizar los libros de Albertina: obras que desaparecieron de los estantes, pero que regresan para revelar a una mujer que conocía las reglas de su mundo y se negaba a aceptarlas en silencio.

 

JC Petermann

Es escritor, poeta y periodista cultural brasileño. Licenciado en Letras —portugués y español—, vive en Campinas, São Paulo. Publicó Arenas de Portonovo en Argentina y su versión brasileña, Areias de Portonovo. En el año 2026 obtuvo el primer premio en poesía del 40º Premio Literario Yoshio Takemoto. Colabora con publicaciones de Brasil, Galicia, Portugal y Chile.

 

Traducción al español preparada por el autor para este artículo.

Fuentes: artículo de Priscila Pasko publicado en Nonada Jornalismo; estudios de Anna Faedrich sobre la autoría femenina en la Belle Époque brasileña; legislación histórica brasileña.

 

 

JC Petermann
Fecha17/8/2026
Tiempo de lectura1 min
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