Para ser leído de un tirón

Sobre "Zelarayán mi abuelo" de Pablo Aranda (Ediciones la yunta, 2025)

Foto de Para ser leído de un tirón por undefined.

Zelarayán mi abuelo, de Pablo Aranda, pide ser leído de un tirón. De una sola bajada de tobogán, sin escape, hacia la memoria que imagina y que construye. La memoria de Aranda, claro, pero también la del lector, impelido por las aguas de este libro, en que el autor maneja su idioma con respiración pareja de nadador. No queda más que bracear. Por suerte, para recorrer el tramo de lectura basta seguirlo en su ritmo de inhalaciones y exhalaciones, de recuerdos y de suposiciones, de entrevisiones y de entreaudiciones.

Aranda es un estudioso de la obra de Ricardo Zelarayán (RZ), CONICET, UNL y UCA mediante. Sin embargo, hay mucho más, porque no se llega a este texto solamente por estudio intenso. Ni siquiera por maestría escrituraria, que produce los aciertos de, por ejemplo, la dedicatoria, el epígrafe, la indicación preliminar, el título, los subtítulos y la estructura total.

 

“Para el Flaco” reza la dedicatoria. Al ir leyendo conocemos que ese Flaco es tanto RZ, quien en el título está a la cabeza; como el abuelo, gracias al oportuno epígrafe de Tsvietáieva: “La suerte es cuando al volver del paseo encontramos de pronto que ha llegado el abuelo”. Luego, nos topamos con una indicación para el lector: “Esto no es un texto, es un té con limón”. “Esto” es registro de experiencia literaria viva, que desborda lo puramente mental. Luego, hallamos subtítulos que van llamando la atención, no se sabe bien por qué. Se siente que leídos en continuidad ofrecen una capa más de espesor. En la última página una nota al pie descubre que cada uno de ellos es un verso del poema “Tal vez no importe tanto”, de RZ mismo. No develar antes del final esa procedencia, mantiene la tensión como red de seguridad. Además de ser una óptima estrategia, deliberada o no, el procedimiento pone de relieve cuánto la escritura de RZ es retícula que sostiene intrínsecamente la de Aranda.

 

Continúo detallando la habilidad de escritor que, con pericia notable, va montando, párrafo a párrafo, fragmentos referidos al abuelo y a RZ. En un momento, imaginario, se enfrentan sus perfiles, con humor y con cariño: “La nariz, ya de por sí gigante, les crece hasta que, ¡zas!, se tocan”. Así van superponiéndose senderos por donde anda la memoria en relación con uno y con otro. Solamente al principio, si no se presta mucha atención, podría no entenderse bien de quién se está hablando. La confluencia entre los dos es notoria desde la construcción memorística, el gran agente que suelta la lengua del autor: “no tengo imaginación. Tengo recuerdos. […]. Sobre las sobras de mis recuerdos escribo”.

Además de preguntarse “¿Cómo funciona este texto?” y “¿Cómo hago que eso entre al papel?”, Aranda afirma: “Aguzo la escucha”. Aquí muestra su motor de escribir y, a la par, indirectamente explica el afecto hacia la lengua de RZ, un amor atado al que profesa por la lengua de su abuelo materno, quien, sin biblioteca alguna, “cantaba de principio a fin el Martín Fierro, el Santos Vega, el Fausto criollo y otros”. La boca diciendo y el oído escuchando, como el haz y el envés de una moneda, están en el centro. Cara y seca a la vez. Aranda las rodea, las acecha, las sigue, las palpa y descubre que para él ambas lenguas han quedado anudadas para siempre debido a sus fuertes vivencias de la oralidad. Por este complejo y largo proceso existencial la escritura de RZ le resulta iluminadora de la propia historia. Tanto es así, que este libro podría llamarse también De lo que puede una frase como estaca en medio 'el pecho: sean las frases dichas por su abuelo, por el Zela o, hay que dejarlo en claro, por Aranda mismo, en quien lo dicho es dicha, no necesariamente por alegre, sino por ser luz certera.

 

Es innegable que haber recorrido la escritura de RZ ha sido una revelación para sí mismo: “¿Pretendo imaginar quién fue mi abuelo acercándolo a RZ? No. Fue RZ quien me colgó en las orejas ¡otra vez! la voz de mi abuelo”. Hay frutos de auto sondeo y vislumbre: “¿Pretendo imaginar quién fue RZ a través de sus libros y sus entrevistas? No. Pero me arriesgo a decir que fue un hombre que vivió como pensaba y así escribía. No una pose sino una posición”. Lo buscado por Aranda en este potente ejercicio reflexivo es hacer pasar todo lo encontrado de RZ a través de su propio cuerpo, también convertido en posición; de hecho, dice: “escribo para no perderme, o como dijo Zelarayán, para tener de dónde agarrarme”. Entonces, ya no sólo está el abuelo, sino su estirpe entera, la biológica y la elegida.

 

¿Qué es este pequeño y denso libro? Un ensayo literario, que es una autobiografía parcial, que es una colección de memorias, que es poesía, porque la cadencia de su lengua impide negarlo, y porque en él se pretende atisbar un conocimiento constantemente escurridizo —¿qué otra cosa hace, en el fondo, la poesía?—. Al cabo, este es un libro de amor. Mejor: de cómo se va urdiendo en cada uno, misteriosamente, la capacidad de amar gracias a las acciones y las palabras de otros. Como todo amor verdadero, éste pide ser declarado. Entonces, Zelarayán mi abuelo es, además, un testimonio. Y como todo lo auténtico, contagia. Al terminar el tirón lector confieso que me nacieron deseos de indagar qué personas y momentos de mi propia vida fueron iluminadas por cuáles lecturas/escrituras estudiadas. Tanto es así, que después de estas líneas voy a volver a Zelarayán mi abuelo, siempre de una sola sentada y sin interrupciones. Esta obra lo reclama, porque regala una experiencia de respirar con el autor en un lento vértigo de afectos.

 

 

Zelarayán mi abuelo

Pablo Aranda  

Ediciones la yunta, 2025

48 págs.

 

 

María Amelia Arancet Ruda

Autora de siete poemarios, investigadora del CONICET, profesora titular de Literatura Argentina II (UCA), directora del Centro de Investigación en Literaturas de la Argentina (CILA/UCA) y miembro de la Red interuniversitaria de Estudios de las Literaturas de la Argentina (RELA).

 

 

María Amelia Arancet Ruda
Fecha15/4/2026
Tiempo de lectura1 min

Otras Publicaciones

Imagen de: Pasajeros de Babel de Gigliola Zecchin
|15 Abr 2026
Pasajeros de Babel de Gigliola Zecchin

Anticipo de la editorial Barnacle

Imagen de: Proyecto Quevedo
|21 Mar 2026
Proyecto Quevedo

Una performance basada en sonetos y poemas satíricos de Francisco de Quevedo realizada por Cristina Banegas. Los domingos en El Excéntrico de la 18ª