Los poemas de Suave y salvaje me llevaron al cobertizo (laboratorio) de Marie Curie en la ciudad de París del siglo XIX. ¿Por qué la poesía de Pilar Sanjurjo me llevó a Marie Slodovka Curie?
Ambas observan, en su entorno, lo que los demás no. Se permiten ese ejercicio de extrañamiento y observación, acaso por ser de provincia viviendo en capital y de Polonia viviendo en el centro de París.
“(…) todo se funde en un eco / los motores / las voces desarmadas de mis vecinos /la plaga de palomas / en el cableado eléctrico frente a mi balcón (…)”
El ruido y los cables tejiendo toda la ciudad fue lo primero que noté, como “extranjera” al comenzar a vivir en la Ciudad de Buenos Aires y me siento hermanada con esa sensación que expresa Pilar en estos versos: “no hay vida posible/ sin un espectador atento y sutil".
Quien debe mirar todo y registrarlo. Marie Curie coincide con ella observando lo invisible, lo que ninguna otra persona en ese momento del siglo hacía. Marie Curie se dio cuenta de que hay elementos en la naturaleza que no necesitan que nadie los fuerce / empuje, ni los prenda fuego, ni los combine con nada para emitir energía. Tienen la fuerza ahí adentro, en el núcleo, y la liberan al ambiente de forma constante, en silencio, transformando todo lo que tocan.

La poesía de Pilar funciona de la misma manera. En sus poemas hay una "atmósfera de tensión" que va irradiando todo. Marie Curie aisló un elemento que se desintegra en absoluto silencio. No genera explosiones ni ruidos estridentes, pero bombardea todo el ambiente. Los poemas de Pilar también siguen esa lógica: no buscan el grito ni el impacto predecible. La tensión, en Suave y salvaje, habita en las fisuras, como dice el prólogo de este libro, en el paisaje urbano, en una habitación. Es un verso cortito que parece inofensivo, pero invade todo el aire. Es un bombardeo sutil que nos desarma la normalidad sin hacer escándalo.
“es una ficción el verano / las personas ensayan su vida / se fijan metas que olvidarán / en la tenacidad irremediable del otoño…”.
o
“nada parecido al silencio existe / en este departamento / todo se funde en un eco …”.
La idea de lo suave también es compartida. Marie Curie escribía en sus diarios que el Radio puro brillaba en la oscuridad con una “luz azulada hermosa, suave y constante”. Esa luz suave era un refugio en medio de la penumbra de su laboratorio. Lo suave en estos poemas es esa misma luz. Entramos al libro atraídos por ese brillo estético y por un momento nos sentimos a salvo en la belleza de los versos de Pilar, en el refugio de las amigas o tapadas bajo una manta. El Radio, también, parecía inofensivo por fuera, pero poseía una fuerza indómita, salvaje en su interior: el poder ionizante de romper estructuras y alterar las células vivas para siempre. Pilar algo nos advierte:
“la luz tiene sus virtudes
Invita a cansar la mirada
en la mínima belleza de los pájaros (…)”.
Una vez que la suavidad de los versos de Pilar nos atrapa, irrumpe la fuerza salvaje. Algo que late en el núcleo de cada poema, algo inminente que está por suceder y va a destruirlo todo. Aun así, como Marie Curie, acudimos hechizados a contemplar la luz.
“(…) devota
hipnotizada por la llama
que avanza en el silencio
observo el desenlace”.
O
“una mosca en el cuarto
seducida por la luz
se queda muda
prisionera de su impulso
enamorada”
Observamos un desenlace con fascinación por el Desastre. Miramos cómo se incendia el último piso del edificio de enfrente.
“… no me importa
ver morir una flor”.
La poesía, en Suave y salvaje, nos quita cualquier certeza cómoda, nos hace mirar la realidad desde otro ángulo. A partir de ahí seremos lectores con ADN modificado. Tan así que las imágenes que nos proponen los poemas nos fracturan imágenes preconcebidas. Entonces, como lectores modificados, comprendemos cuando Pilar nos dice:
“ojos aturdidos de murmullo (…)”
O
“siento el flujo de la sangre por tus venas
esa procesión de hormigas ciegas
que insisten en la vida"
Y
“el cigarrillo como reloj perfecto”.
Como escribe Javier Roldán en la contratapa, Pilar cumple con la premisa de revelarnos una verdad posible y, al mismo tiempo, dejarnos habitando un misterio. Estos poemas y Marie Curie habitan una suavidad que encierra lo indómito y salvaje en el mismo lugar además de al mismo tiempo.
Marie hablaba de una fuerza poderosa y fundamental, invisible a simple vista. Ella hizo física de lo invisible. Pilar, aun teniendo poemas riquísimos en imágenes, también hace poesía de lo invisible. Lo oculto que subyace: el dolor, los sentimientos. La tensión, funciona como esa radiación que transforma todo. Para mí ambas exploran, y se preguntan sobre lo que está en el núcleo profundo de la realidad aparente. Las dos exploran lo invisible.
Marie llevaba en su bolsillo un tubo de ensayo con el isotopo que había descubierto, me imagino que en otro bolsillo habría llevado el libro de Pilar. Y diría “esta changuita me comprende” (lo diría así, si Marie Curie hubiese sido tucumana). Ambas sabían que las cosas pequeñas, sutiles tienen el poder de transformar todo un mundo. Los versos de Pilar y los átomos de Marie Curie: así de bonitos, así de suaves y así de salvajes.
POEMAS
hay un hombre viviendo en mi casa
esta tarde lo vi
la luz blanca de la cocina iluminando su rostro
los pómulos deshidratados
las orejas
su ancho cuello
esta tarde le pregunté
cómo se llamaba
pero él no dijo nada
no habló no hizo gesto alguno
ninguna pista
aunque lo miré de cerca
impávidos los dos
anochece
fumo en la ventana
lo observo sentado en la única silla de la casa
frente al escritorio
no me mira
tiene en cambio
los ojos clavados en la pared
creo que intenta atravesarla
temo que está atrapado
no sabe a dónde ir
voy a dejar la casa esta noche
espero no verlo al regresar
las palabras ocupan el aire
compulsión de expandir cada minuto
de coagular el tiempo juntos
tu verborragia
en definitiva
es el contrapunto de mi ausencia
un sendero detenido
un hilo oscuro bermellón barroso
como una tensa espesa formación de rocas
abrazadas a la fuerza del tiempo sedimento
que se aflojan al leve contacto de los ojos
que se encuentran aturdidos de murmullo
Sobre la autora
Pilar Sanjurjo nació en Buenos Aires en 1997. Es licenciada en Sociología. Publicó la plaqueta Lugares comunes (Patronus Ediciones, 2021), cocoordina el ciclo y taller Primavera todo el año y codirige el medio cultural Espías Rusos.
Ohuanta Salazar
Nació en 1975 en San Miguel de Tucumán, creció en San Salvador de Jujuy donde se formó como Técnica Química, cursó Bioingeniería en la provincia de Entre Ríos y actualmente reside en Buenos Aires. Publicó Patios de Obanta (Ed. Tahiel, 2017); La Revancha de mis Pedazos (Ed. Tersites, 2018); Parada Obanta (Ed. Tren Instantáneo, 2022) y Oro Verde (Camalote 2025). Fue seleccionada para integrar la Antología Homenaje a Nicanor Parra (Ed. Centro Chileno O’Higgins, 2018); Bardos y Desbordes II (Ed. Tersites, 2019); Antología Poetas de Tucumán 1960-1990 (Ed. Humanitas FFyL UNT, 2021).


