El verano llegó tarde, de la docente y escritora marplatense Marcela Vicente, publicado por Esa luna tiene agua en 2023, es un libro que saca los trapitos al sol y los cuelga delante de todos. Como las bombachas de Martha, la protagonista, que vuelan de balcón a balcón. O como sus arrugas y sus tetas caídas que son cofres donde guarda los besos y las caricias de Francisco, su amor. O el destrato de una hija que no tiene “tiempo ni para pintarse las uñas” (y mucho menos para enterarse de los miedos y anhelos de su madre).
Es a través de la voz de Martha que la autora explora —y exhibe— la realidad de la vejez: los sentimientos y deseos que existen, a pesar del cuerpo, y que nadie quiere ver; el trato injusto; el abandono. Pero Vicente no lo muestra desde la derrota, sino que retrata a una mujer tierna, disparatada y, sobre todo, luchadora. Una mujer que “lucha por no olvidar ni ser olvidada”, como señala el escritor Marcelo Rubio en la contratapa.
Este es un libro que despierta preguntas: ¿Qué es lo que tanto nos asusta de la vejez? ¿Es la pérdida de habilidades del cuerpo, de la mente? ¿Es el miedo a la muerte? Pero además nos recuerda que en la vejez se puede seguir deseando. Y que se puede seguir disfrutando de las pequeñas cosas de la vida: comer un helado, arreglarse, salir a pasear, jugar a las cartas y, ¿por qué no?, enamorarse.
En el marco de la presentación del libro, realizada en Espacio cultural Vitto —uno de los centros culturales más visitados de la ciudad de Mar del Plata—, conversamos con Marcela Vicente y nos contó cómo fue la escritura de El verano llegó tarde.

¿Cómo elegiste el tema para tu novela?
El tema de mi novela es el de casi toda mi escritura de estos últimos dos años. Cuentos en los que el alma pudo destilar aquellas vivencias de familiares, madres y padres de amigos, llenas de vacíos e impregnadas de soledad, que se hicieron visibles y dolorosas durante la pandemia. No puedo elegir un tema, los temas me eligen a mí. Inevitables. La escritura es la forma que adopta el corazón cuando ya no resiste su forma, cuando ya no puede encajar en el hueco que le ofrecen los pulmones. No elijo un tema. ¿Serán heridas incómodas que buscan cicatrizar entre palabras?
¿Qué experiencias te ayudaron a construir los escenarios y personajes de El verano llegó tarde?
Vi a mi madre que inventaba rincones con adornos viejos para construir munditos nuevos; escuché a mis amigos; observé balcones pequeños y manos acariciando flores de plástico; reconocí yo misma la vida de las cosas que no tenían vida, que me observaban y que danzaban conmigo entre cuatro paredes inmóviles.
¿Por qué elegiste la primera persona para narrar?
La primera persona para narrar fue también inevitable. Se habla mucho, demasiado, acerca de la soledad en la vejez, términos clínicos, diagnósticos. Pero siempre desde el otro lado. En este tema, quise ponerle palabras a la protagonista. Martha siente, cree aún en el amor, no comprende el porqué de tantas órdenes. Martha es un alma joven en un cuerpo viejo, quiere helado de chocolate y frutillas, quiere encontrar sus zapatos nuevos para ir a bailar. La tercera persona me hubiese dejado afuera, en el lugar de quien juzga, observa e interpreta un universo al que aún algunos somos ajenos. Quise conocer su mundo y el único lugar era en los mismísimos pasos de Martha.
¿Cómo fue el proceso de escritura?
El proceso de escritura fue intenso, horas y horas por día de escritura y reescritura. Me propuse el riesgo de encontrar su propia voz, teniendo que dejar de lado prejuicios y tomar lecturas casi románticas del mundo, una escritura que no es habitual en mí. Además, tuve que investigar. Mis charlas con amigas terapistas y profesionales especializados en gerontología, luego despojarme de todos esos datos y ponerme la ropa de Martha. También quise investigar temáticas religiosas, de las que me nutrí para darles voces ajustadas a los personajes que la rodean en su cotidianidad. Principalmente las charlas con amigos; todos hemos pasado por situaciones de atención y cuidado hacia la vejez.
¿Qué sensaciones te fue generando el tema a medida que avanzabas?
A medida que avanzaba en la novela, fui conviviendo con el personaje de manera más y más íntima. Me hundí en esa soledad y en los propios posibles futuros. Llegué a enamorarme de esa mujer, quise cuidarla, escucharla. Luego, cuando el proceso de edición terminó y cerré la historia, ambas quedamos abandonadas. Fue muy fuerte, conmovedor para mí este proceso que terminó en verano. Quebré mi alma en mil pedazos, mientras los turistas disfrutaban de la playa.
¿Cómo fue el encuentro y el trabajo de edición con la editorial?
Esta novela ha pasado por un largo y minucioso proceso de edición. Mari (María Staudenmann, Esa luna tiene agua) recorrió palabra por palabra, párrafo por párrafo y su trabajo ha sido mágico. Las dos nos entendimos desde el primer día, supimos que este libro debía asumir el compromiso de hablar de temas poco explorados, la soledad, la vejez y el destrato, temas que no hubiese podido abordar de otra manera y que la editorial se esforzó en cuidar y darle brillo. Encontrar una editorial que trabaja con tanto amor y respeto, es un lujo. Martha llegó a buen puerto en las amorosas manos de Esa luna tiene agua.

¿Qué te gustaría dejar en el lector?
Quisiera dejar en la primera página, una duda, una pregunta, una interpelación. Y en la última, el deseo de llamar a esa persona a la que hace tiempo no vemos, escucharla, darle un abrazo y un rato de nuestra vida.
¿Algo más que te gustaría agregar?
Que la disfruten tanto como yo al escribirla, que salgan corriendo a darle un beso a alguien.
Marcela Vicente (Mar del Plata, 1964). Es arquitecta y Especialista en Lenguajes Artísticos (UNLP). Actualmente dedica su tiempo a la docencia y a la escritura. Es realizadora visual en varios lenguajes: pintura, dibujo, collage, cerámica y fotografía. Sus trabajos han sido tapas de libros. Su primera novela, Las comadrejas no existen, fue publicada por la editorial También el caracol (2021). En el año 2022 obtuvo el segundo premio en el concurso internacional de cuentos, Premios del tren, organizado por la Fundación de los Ferrocarriles de España, con el cuento “Cartas para Clarisa” que forma parte de la antología Premios del Tren 41° edición. En 2023, el sello editorial Esa luna tiene agua, inaugura su serie Luna llena con la publicación de El verano llegó tarde, segunda novela de la escritora.
Mirtha Caré, periodista, cofundadora del estudio de corrección agua ardiente. Autora de Ataka Kamchatka - cuarenta y ocho poemas y un viaje (Esa luna tiene agua, 2022)


