Y, si había atravesado el amor y su infierno, ahora se peinaba frente al espejo, por un momento sin ningún mundo en el corazón. Antes de acostarse, como si apagara una vela, sopló la pequeña llama del día.
Fragmento del cuento “Amor”, de Clarice Lispector
La obra Clarice parte de un momento bisagra en la vida de la escritora, los tres meses que pasó en un hospital luego de quemarse en un incendio que ella misma provocó cuando se quedó dormida mientras fumaba un cigarrillo.
En este unipersonal Susana Yasan —actriz, directora teatral y régisseur de ópera egresada del Teatro Colón. Se formó con Raúl Serrano, Augusto Fernández, Carlos Gandolfo y Lorenzo Quinteros— no representa a Clarice, Clarice es única, Clarice atraviesa el cuerpo de la actriz, así como su prosa atraviesa a cada uno de sus lectores. Sino que recorrerá su infancia, sus vínculos y será atravesada por todas las clarices que le hablan: una-niña, una-Brasil, una-madre, una-guerrera, una-latina y una-extranjera, al mismo tiempo.
Clarice Lispector (1920–1977) es una de las figuras más importantes de la literatura brasileña del siglo XX. Su obra se caracteriza por una profunda intensidad existencial, la exploración del mundo interior y una prosa poética y filosófica.

La última década en la vida de Lispector, marcada por dolores físicos crónicos e injertos de piel, forjó una de las transiciones artísticas más radicales de la literatura latinoamericana.
Novelas como Agua viva (1973) nacieron de las cenizas de textos destruidos, reensamblados a partir de notas, papeles sueltos y fragmentos dispersos. La estructura tradicional se disolvió por completo. La prosa post-incendio avanza a través de ráfagas de pensamiento, epifanías inconexas y "estados de alma".
No puedo resumirme porque no se puede sumar una silla y dos manzanas. Yo soy una silla y dos manzanas. Y no me sumo
Si antes del accidente obras como La pasión según G.H. ya eran existenciales y complejas, luego su escritura se volvió mucho más urgente, fragmentaria y cercana al silencio. El dolor físico era una realidad cotidiana con la que debía convivir a través de la máquina de escribir. Escribir dejó de ser una vocación para convertirse en su técnica de supervivencia más pura.
Durante cuatro únicas funciones una doble nacerá en escena, una fabulación encarnada, una fuerza poética múltiple y vital. Las voces de todas las clarices resonarán en la sala a través del cuerpo y la expresividad de la actriz dando vida a una Clarice que no conocíamos.

El escenario cuenta con apenas una silla con la que Susana Yasan interactúa todo el tiempo, una lámpara, y una pantalla que va proyectando imágenes especialmente creadas para la obra. Dice Lamberto Arévalo: "Raúl Szkraba y sus animaciones multiplican de sentidos la puesta en escena. Su estilo artesanal y gran talento como dibujante, hacen que se presenten otros mundos en el escenario, dialogando con el devenir de la escena".
"Clarice Lispector nos genera un incendio emocional, que nos conecta con nuestras propias intensidades y metamorfosis, y la obra es el resultado de todas ellas. Seguirá mutando Clarice, y volviendo cada vez más visibles las fuerzas de una mujer que desafió la literatura de su época, es decir, la vida y su propio ser", agrega el director.
FICHA ARTÍSTICO - TÉCNICA
Autora: Selva Palomino
Actuación: Susana Yasan
Animaciones: Raúl Szkraba
Asistente: Pablo Toporosi
Prensa: Prensópolis
Dirección, diseño sonoro e iluminación: Lamberto Arévalo
Duración: 50 minutos
Luego de un breve pre-estreno en Alemania, Nueva York y Panamá, en noviembre llega a Buenos Aires: "Clarice" de Selva Palomino, con actuación de Susana Yasan y dirección de Lamberto Arévalo.
La obra se presenta los domingos 1, 8, 15 y 22 de noviembre a las 16 h en el Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378, CABA), con entradas la venta por Alternativa.


