Vic Insomnia comenzó su carrera musical a una edad temprana. Empezó a tocar el piano a los siete años y, después de explorar diferentes instrumentos, durante su adolescencia se convirtió en bajista y cantante de su banda llamada Infinito Paraíso. Con esta formación anduvo por Cemento, Niceto y se fue de gira. Aunque tiempo después estudió en la Universidad de Buenos Aires y se graduó como odontóloga especializada en ortodoncia y ortopedia maxilar, nunca dejó su pasión por la música. Vic Insomnia ha lanzado varios discos en solitario y publicado un libro titulado La Pequeña Victoria Ilustrada. Actualmente se va de gira por el litoral argentino, desde 3 al 14 de mayo dará conciertos en Corrientes, en Chaco y en Formosa por dos.
Vic Insomnia puso en pausa sus preparativos y respondió algunas preguntas.
¿Por qué "Vic insomnia"?
El nombre surgió medio en broma. Hace unos diez años aproximadamente, me separé de un novio que tenía y me vine a vivir sola a Capital. En ese momento, descubrí que tenía mucho tiempo libre y lo empecé a emplear en actividades artísticas. La noche resultó ser uno de mis momentos favoritos del día para crear y por las mañanas solía subir las producciones nocturnas a las redes sociales y ponía títulos como: "Victoria's en pijamas" o "Vic insomnia te canta" y salía, literalmente en pijama, cantando y sonriendo.
Entonces quedó…
Aunque actualmente estoy durmiendo muy bien, a veces le hago honor al nombre. No sé si será por haber hecho psicoanálisis durante tantos años, pero poner mi cuerpo de manera horizontal me hace pensar distinto. Veo las cosas desde otro lugar y, cuando tengo que resolver algo, suelo encontrar las respuestas por las noches. Me siento muy identificada con el nombre que elegí.
¿Cuál es tu objetivo como artista?
Mi propósito en la vida es trascender. Dejar una huella. Para eso, el arte me vino como anillo al dedo. Me gusta crear para trascender, porque cuando creo (de crear), creo (de creer). A través de mis creaciones canalizo y transformo sensaciones. Y además de sentir placer en mi propio cuerpo, sé que puedo desencadenar sensaciones en otras personas y eso me llena el alma.
¿De qué manera?
Me resulta difícil explicar con palabras lo que sucede dentro mío cuando veo a la gente sonreír o reír en mis presentaciones. Sí podría decirte que un agradecimiento intenso me invade por completo por un par de días y necesito volver a repetir pronto este mágico mecanismo. Es una especie de adicción. No vivo del arte, pero necesito el arte para vivir. No sé vivir sin él, es mi fiel compañero.
¿Qué buscás plasmar a través de la música?
No busco nada en particular. Toco y canto lo que me sale, casi sin pensar. Es una necesidad. Comer, respirar y crear música son algunas de mis necesidades básicas. La música es un canal, que yo uso para transmitir la señal televisiva de mi corazón en un momento determinado. Tengo un tesoro, una posibilidad, una llavecita que abre algo, una canilla por la que fluye aquello que debe fluir y, a veces, llegar hacia otro lugar.
¿Qué satisfacciones te da el arte?
No sé cómo es tener hijos, pero creo que el arte me dio muchos hijos. No lloran, ni hay que llevarlos a la escuela, pero mis creaciones dan sus primeros pasitos hasta que aprenden a caminar solas y pueden llegar bien lejos. El arte me conecta conmigo misma y con los demás. Con mi arte, puedo atravesar una pared y llegar a una casa nueva, puedo atravesar la piel y llegar a otro corazón, que no es el mío, pero late junto a mí. El arte me permite ser y hacer.
¿Cuál es tu próximo proyecto?
La semana que viene me voy de gira por primera vez como solista por mi país y estoy chocha. Hacer algo por primera vez a los cuarenta años me resulta bastante conmovedor. Corrientes, Chaco y Formosa me esperan para divertirnos y compartir. A la vuelta, voy a lanzar 4 canciones, que formarán parte de mi primer EP. Además, estoy muy entusiasmada escribiendo mi segundo libro.
Vic nos regala un bonus: texto + ilustración “Otoño”, de su libro La pequeña Victoria ilustrada.

Otoño
Ojalá fuéramos tan sabios como los árboles y pudiéramos desprendernos en otoño de todo lo viejo, lo que ya no nos sirve, lo que ya no usamos.
Ojalá pudiéramos sentirnos desnudos, nuevos, listos para florecer una vez más.
Quién sabe de qué color serán nuestras próximas hojas, nuestros nuevos vestidos.
Sólo resta hacer lugar para lo nuevo. No sea cosa que lo viejo te tape y no te puedas renovar.
Mirtha Caré, periodista, cofundadora del estudio de corrección agua ardiente. Autora de Ataka Kamchatka - cuarenta y ocho poemas y un viaje (Esa luna tiene agua, 2022).


