Las que moran en las sombras

Cuentos fantásticos y de terror. Escritoras argentinas del siglo XIX

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“¿Me juras que no volverás a causar jamás daño alguno? Porque ya diste pruebas de un alto grado de perversidad y malicia que la desconfianza que siento hacia tus propósitos está plenamente justificada” (el doctor Frankenstein al monstruo, en “Frankenstein” de Mary Shelley (1818)

 

Varias novedades juntas. Un libro que rescata escritoras argentinas de hace casi dos siglos que escribían cuentos de terror cuando creíamos que la única avanzada era Mary Shelley con su Frankenstein. Mujeres con vida propia. Docentes, novelistas, feministas, emancipadas y luchadoras. Publicadas ahora, en marzo de 2026, por la legendaria editorial Minotauro. Aquella hermosa editorial creada por Francisco Porrúa en 1955 como colección y apéndice de Sudamericana para libros de “fantaciencia”, terror y ciencia ficción. En 2001 se vendió y ahora es un subsello de Planeta España perdido entre los catálogos. Pero en los años de gloria en Argentina salió todo Ray Bradbury, las Crónicas Marcianas de 1955 con prólogo de Jorge Luis Borges y en esa colección, los adolescentes de los años ’70, sin Internet, ni cable, ni plataformas, conocimos a Philip K. Dick, a Úrsula K. Le Güin y a ese aterrador Soy leyenda de Richard Matheson, donde los humanos se convierten en vampiros después de una guerra bacteriológica. Y como bonus track para los argentinos la historia se desarrolla en marzo de 1976, futuro incierto y podrido, para una novela escrita en 1954.

 

Pero volvamos a nuestras mujeres escritoras. El libro se llama Las que moran en las sombras y presenta cuentos e historias fantásticas de Ada María Elflein, Raimunda Torres y Quiroga, Eduarda Mansilla y Juana Manuela Gorriti. Con un prólogo vago e inservible de un tal Ever Oroná, que jura que no conocía ni de nombre a ninguna de las cuatro. Sincero el muchacho.

Libro de cuentos que es un pequeño tesoro, un compendio del mal, de historias tenebrosas y de mujeres de fachadas inocentes.

 

Vamos una por una.

 

Juana Manuela Gorriti (1818-1892), de familia patricia, del clan Gorriti, primera dama de Bolivia. Popularmente rescatada en 1980 por una novela bestseller de Martha Mercader titulada Juanamanuela, mucha mujer, unas memorias ficticias de nuestra heroína. “Su linaje es historia patria. Enemiga de sangre de la federación rosista. Pionera del fantástico, de lo sobrenatural y de la narrativa oscura”, dice la introducción del libro. Y Gorriti, con vuelo muy propio, tiene dos libros claves en su narrativa. Uno Sueños y realidades, ficciones tensas del mundo onírico y, un gran libro de gastronomía, pionero para la Argentina. Cocina ecléctica (de 1890), cientos de recetas que la misma Gorriti pidió a mujeres de toda Latinoamericana, para formar el mejor libro de cocina de México a Argentina en pleno siglo XIX donde distintos locros, sopas y guisos, cuentan la historia de las mujeres en la cocina en medio de la conquista.

En este libro de rescate, Juana Manuela Gorriti aparece con varios cuentos. Uno de ellos, Yerbas y alfileres, es una voz misteriosa y como una continuación explícita de “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga.

“Doctor, ¿cree usted en los maleficios? (…) ¿Y qué habría usted dicho si viera, como yo, a una mujer, después de tres meses de postración en el lecho de un hospital, escupir arañas y huesos de sapos?”

Y aquí Gorriti avanza hacia el “gore”, los vómitos y la repulsa.

El otro cuento, “La quena”, vertiginoso relato de miedo sobre la tragedia de una leyenda andina. Una historia de momias, de religiosidad popular y huesos incas. Un relato seco, moderno y casi sin adjetivación.

Juana Manuela Gorriti es el gótico, la tradición y los márgenes del prefantástico.

 

Eduarda Mansilla (1834-1892), hermana de Lucio V. Mansilla, está catalogada como la primera novelista argentina y autora de cuentos infantiles. Periodista de profesión escribió en las secciones femeninas en las revistas “El Alba”, “La Gaceta musical” y “El Plata Ilustrado” (esta última, una revista de modas). En los cuentos de Mansilla anida la oscuridad, los espíritus de los monstruos y las locas encerradas en lo alto de las torres. Miedo y necrofilia son sus tópicos usuales.

En el cuento “La loca”, Mansilla dice: “Lejos, muy lejos, en aquella misma noche funeraria, a la misma hora, una figura humana (es lo único que puede decirse sobre ella), no es dable asignarle ni edad ni sexo; con la cabeza enteramente rapada, el escuálido cuerpo cubierto con harapos, sin forma, ni color, rugía y se agitaba como un endemoniado que quería escaparse de los brazos de dos hombres de aspecto brutal, que repiten jadeantes al pasarle la camisola de fuerza: ‘Maldita loca con tu murciélago. Esto te enseñará a no escaparte de nuevo’.”

Si Juana Manuela Gorriti es el terror apoyado en la historia, el camino de las guerras civiles y la emancipación, Eduarda Mansilla es la extrañeza, el delirio, los procedimientos médicos sin control y las pulsiones más desmedidas.

 

Raimunda Torres y Quiroga, entrerriana, sin fecha cierta y documentada de su nacimiento y muerte. Feminista y pionera de las luchas por la libertad de las mujeres. Militante y política. Creadora del género fantástico como se lo conoció y desarrolló en el siglo XX, autora de Historias inverosímiles y colaborada en diferentes revistas, “La Ondina de Plata”, “El Álbum de El Hogar”, entre otras. Ella sí es la Mary Shelley rioplatense. Pone foco en las sombras y en el terror psicológico. Se emparenta con Edgar Alan Poe y con E.T.A. Hoffmann. En su cuento “Gregorina”, cuento de miedo de verdad, Torres y Quiroga escribe: “Yo no sé qué demonio invisible, qué genio malévolo, deslizó a mi oído, aquellas crueles palabras. (…) Yo no perdía de vista a Gregorina y espiaba sus menores pasos. (…) Yo sonreía ante esta idea, y un vértigo, el vértigo de la locura del malvado, se apoderaba de mí, y en mis noches sin sueño, la veía acercarse como un fantasma, envuelta en su fúnebre sudario y tendiendo hacia el asesino, sus descarnados brazos”.

 

La cuarta escritora es Ada María Elflein (1880-1919), cronista y docente, conocida como “la maestra de la Patria”, egresó del Nacional Buenos Aires, una de las pocas mujeres que hacían eso para entonces y tradujo al francés a Bartolomé Mitre. Fue periodista, con escritorio propio, en el diario “La Prensa” donde escribió más de 2000 notas y cerca de 300 cuentos. Escribe sobre la maldad de los niños y dice que “los niños mienten”. En sus cuentos hay niños malos, que le hacen daño a otros chicos. Cien años antes que “El señor de las moscas” de William Golding. En su cuento “El barquito” publicado en el diario La Prensa el 11 de junio de 1916, dos chicos de 7 y 8 años —Carlitos y Alberto— pelean por la posesión de un barco. La abuela Luisa tiene clara preferencia por uno de los dos y ahí nace el odio entre ambos.

“Es mío, es mío —exclamó Alberto apretando su juguete contra el pecho, airado y lloroso. La abuela le dio una palmada, le arrancó el buquecito de las manos y se entregó a Carlitos con estas palabras. ‘Toma, pobrecito, toma el barquito y no llores más. Tu hermano es un malo y un mezquino´. La ofensa injusta hirió al niño delicado. La sangre se le agolpó en el rostro y como no podía pegarle a su abuela, agredió a puñetazos a Carlitos, le arrebató el barco y tirando el juguete al suelo, lo destrozó a puntapiés”.

 

Las autoras escriben en los medios gráficos de la época y circulan por las tertulias de mujeres para hablar de política y de literatura. Son de avanzada en medio de un siglo de pocas mujeres patriotas.

 

Hay un formidable libro titulado La historia argentina contada por mujeres en tres tomos y que abarca desde la Conquista hasta los inicios del siglo XX, escrito por Gabriela Margall y Gilda Manso (Ediciones B, 2018) que entre cientos de mujeres empoderadas cuenta la historia del incipiente mundo del periodismo femenino y resalta “La Aljaba” (de 1830), el primer periódico escrito y destinado a mujeres dirigido por Petrona Rosende, muy pionero, solo 18 números salieron, y después de Rosas otros medios como “La Camelia” (de 1852) y “Álbum de señoritas” (de 1854) con las periodistas y escritoras Juana Manso, Juana Manuela Gorriti, Eduarda Mansilla y Mercedes Marín, entre otras.

 

Las que moran en la oscuridad es un hallazgo. Para saber más y como dice la contratapa del libro (quiero creer que burlonamente), “el terror del siglo XIX tiene rostro de mujer demonio”. Despertando aquella teoría medieval de que los hombres eran tentados y seducidos por entidades femeninas llamadas súcubos. En fin, así el siglo XXI.

 

 

 

Fernando González

Profesor, periodista y exrector de TEA y DeporTEA. Trabajó en radio Del Plata, el diario Página/12 y las revistas El Periodista, UnoMismo y Playboy, entre otras.

 

 

Fernando González
Fecha5/5/2026
Tiempo de lectura1 min

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